Es tu mano
la natural prolongación de mi brazo
y su agonía
Y tus ojos
el cristal donde contemplo mi esperanza
El suelo que tu pisas
se extiende bajo mis pasos torpes
que desde siempre
sembraron trochas en el monte andino
El río Táchira,
un espontáneo encuentro de dos pueblos
No bastará la ambición para quebrar
un canto que nación entre las laderas
sembradas de café
atajando la misma cordillera
Aquí o allá
somos los mismos hombres,
propio el sudor
idénticos los sueños,
franca la risa
y semejante la profundidad de nuestras penas
