domingo 9 de marzo de 2008

EL MISMO SUDOR

a mis hermanos de Venezuela

Es tu mano
la natural prolongación de mi brazo
y su agonía

Y tus ojos
el cristal donde contemplo mi esperanza

El suelo que tu pisas
se extiende bajo mis pasos torpes
que desde siempre
sembraron trochas en el monte andino

El río Táchira,
un espontáneo encuentro de dos pueblos

No bastará la ambición para quebrar
un canto que nación entre las laderas
sembradas de café
atajando la misma cordillera

Aquí o allá
somos los mismos hombres,
propio el sudor
idénticos los sueños,
franca la risa
y semejante la profundidad de nuestras penas

viernes 29 de febrero de 2008

ME VOY DE TUS SOMBRAS

Me voy de tus sombras,
a erigir el muro del olvido,
acopiando las piedras
de la inapetencia

hilo a hilo

junta a junta

Bajo el calor inclemente de esta tarde
en que descubro
que no existen vestigios probatorios

que tu nombre
lo arrasó una avalancha

se evaporó entre el temblor
de un beso improvisado

exorcizado
en los susurros de la cordillera

Me voy de tus sombras
silbando una canción por las esquinas

lunes 11 de febrero de 2008

ERA LA LUNA


Era la luna,
una pálida línea escondiéndose en el cielo

Era la alborada,
unas calles vacías de tus pasos

Eran mis pensamientos,
el deseo atado al recuerdo de tu boca

Eran mis pies,
una fisura del silencio en el vacío

Eran los árboles,
una mirada invistiendo mis secretos

Era la aurora,
una pequeña mujer enamorada

sábado 2 de febrero de 2008

VERSOS A UNA CIUDAD DORADA

Si yo pudiera reinventar

el brillo de tus atardeceres de oro y grana,

dejaría volar aquí y allá

sobre ese manto azul

violado por el ultimo rayo de sol

que escoce entre las nubes,

alas abiertas de esperanza

donde los hombres

puedan escribir sus tristezas


Sobre tus grietas doradas

se alza mi horizonte


Mis pasos cansados se repiten

en laberinto caótico

descubriendo secretos

que albergan tus rincones


Te recorro como al amante improvisado,

y me atrapas en tus sabores y aromas


Mañana tendrás otra piel,

otro olor,

otro cobijo inesperado

que me aprese tras las ramas

de un urapo vestido de fiesta


No seré yo la efigie de sal

indiferente al holocausto


Dejaré aflorar mis lágrimas

entre las piedras

y hundiré mis manos en el barro

en el afán de enraizar

un nuevo canto para esta ciudad perdida

LA EVIDENCIA

Diría que aun te agitas
entre el recuerdo de la brisa del río
y la música empapada de vino

Es cierto que busque tus ojos
en el derrotero del olvido

Merodeando entre muchos rostros,
mordiéndome la lengua,
conteniéndome hasta el sudor
para no pronunciar tu nombre

He de admitir que mis pies intentaron alcanzar tus horizontes,
una raya borrosa entre mi dolor y tu prisa,
un límite extraviado,
perdido en la noche que dijiste basta

Vanas fueron las largas jornadas
peregrina del desierto de tu silencio

absoluto mutismo que dejó mis días sumidos en tinieblas

mentiras absurdas que provocaron el caos

armagedón quebrando mis ventanas


Ahora puedo mirarte sin oscilaciones temporales

Mostrarte la evidencia:

la mujer que te amó hoy ya no existe